De las melodías danzantes a la polifonía de lo poético.

 Gestos y procesos en la obra de Susana Alonso.

 

Si bien es cierto, que los intereses pictóricos  y creativos de Susana alonso se mantienen en similares coordenadas, la exposición que presenta en la sala municipal del Museo de Arte e Historia de Durango permite avanzar varios cambios importantes: una mayor seguridad en lo que hace y porqué lo hace, un mayor interés en la idea de proyecto y una nueva forma de presentar su obra.

Las obras presentadas no quedan lejos de lo que Levi-Strauss denominaba en términos lingüísticos: “el exceso del significante”, “ciclos incesantes de metamorfosis, encadenamientos seductores de las formas y las apariencias” que diría Baudrillard.

Son obras en expansión, obras vitales en que la pintura se mezcla, entreteje, amalgama y enmaraña. Conflagraciones placenteras, espacio de lo lúdico, que se desatan a golpes, a base de empujones instintivos. Juegos creativos, donde la luz y las sombras se entremezclan generando un rico magma.

Podemos definirla como pintura en acción. Imágenes simbólicas y ritmos sutiles que se expresan como masa en fusión que se extiende a lo largo del espacio del lienzo o del papel, convirtiéndose en encrucijada de todas las sensaciones. Emociones suspensas, metáforas visuales que danzan alrededor del paisaje, del deseo y de la realidad construida. Metamorfosis perseguidas, acosadas, tramas, redes, cuyos elementos están entre sí en tensión.

Pintura activa y gestual, orden y caos, expresiones del cuerpo a través de las manos. No se construye desde un proceso intelectual o de conocimiento sino como explicitación de un impulso interior, aquello que Kandinsky llamaba “el principio de la necesidad interior”. El lienzo o el papel no es más que el espacio en el que se explica la acción. No expresa ni representa una realidad, ni subjetiva ni objetiva: descarga una tensión que se ha acumulado en la artista. Es una acción no proyectada ni crítica, un juego tenso, a veces gratificante, a veces decepcionante. Punto de inflexión que permite elevarse por encima de la línea del horizonte utilizando elementos abstractos, como abstracciones son las emociones, los sueños y los deseos, que luchan por cambiar lo existente, por descubrir lo desconocido, por salir de sí mismos y adentrarse en lo otro.

Esta radicalidad de lo interior, de lo natural, de proyecto sin proyecto, se materializa en composiciones en conflicto. Tensiones entre mancha y color, tensiones entre forma y material. La artista entra en la pintura sabiendo que el ritmo de los colores le irá excitando poco a poco y le obligará a realizar un movimiento cada vez más frenético hasta que la pintura imponga su propio ritmo, del mismo modo que el ritmo de una danza acaba adueñándose de quien la inicia. Al igual que inventamos la danza para sentir nuestro cuerpo en el espacio y en el tiempo, Susana Alonso, en la soledad de la Mancha, como una eremita moderna, inmersa en la ruda naturaleza, establece un enfrentamiento que actúa explosivamente y en profundidad, creando su propio espacio y tiempo pictórico en el que se expresa todas las tensiones y vértigos que radican en la profundidad de su inconsciente, y por extensión, de toda su existencia física y psíquica.                     

No hay censuras sino técnica espontánea, vitalidad intrínseca y autónoma, sensaciones, inmediatez e impacto. Ritmo acumulativo que consigue aprisionar en sus airados amasijos de color y signos todo lo que en realidad es movimiento e impide que la vista se detenga ociosa. La técnica-antitécnica de la artista se estructura mediante un diálogo permanente entre sus acciones y la autonomía de los materiales que utiliza. Por una parte es ella quien elige los pigmentos, dosifica las cantidades y proyecta con sus gestos y signos (barridos, fugas de secado, brochazos, goteos, etc.)  el tipo de mancha que impregna el lienzo, por otra, cada pigmento, cada mancha, desarrolla su propio ritmo y lleva a la máxima intensidad su particularidad.

No cabe duda que el artista pertenece a su tiempo, a un tiempo presente condicionado por los ecos del pasado y cuyo futuro vislumbrado está compuesto de destellos. En este contradictorio y limitado tiempo, el artista siguiendo su instinto, temperamento y cultura opta por ubicarse en un determinado espacio. El espacio en el que se sitúa Susana Alonso es el del arte informal, la abstracción, el tachismo y especialmente el de la “action painting”. En estas poéticas azarosas cuyos procesos de construcción tienden a lo inconcluso e indeterminado, Alonso se mueve con total seguridad, cada vez más consciente de la importancia del proceso constructivo, el cual adquiere una importancia esencial en la exposición planteada en la Sala Municipal del Museo de Arte e Historia de Durango, al incorporar un vídeo y una serie de fotografías que dan cuentan del cómo. No es por tanto, una exposición de lienzos y papeles. A mi modo de ver se asemeja más a una cartografía de sensaciones y emociones, cuyas combinaciones y desarrollos tratan de reflejar un proyecto pictórico abierto y libre donde las polifonías de lo poético están determinadas por un proceso azaroso pero calculado y medible.          

 

Artemis Olaizola

  volver